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Fernando Genin

Fernando Genin
Fernando Genin cofundó Pastech en Mar del Plata para transformar la medición de pasturas con electrónica, datos satelitales, drones y algoritmos aplicados a la producción ganadera.

Hasta hace poco, la forma de saber cuánto pasto había en un potrero era cortarlo con una tijera, secarlo en un microondas y pesarlo. Fernando Genin, licenciado en sistemas y docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Mar del Plata, se propuso reemplazar ese procedimiento por electrónica, satélites y algoritmos. La empresa que fundó con dos especialistas en pasturas se llama Pastech, opera en más de trece provincias argentinas y llegó a Uruguay y Australia. En 2025 ganó el premio Legado de Bayer entre 360 postulantes de cinco países, fue elegida el mejor emprendimiento argentino por el Gobierno nacional entre más de 800 y se llevó el reconocimiento de la industria del software marplatense, que incluía un viaje a Silicon Valley.

La tijera, el microondas y la balanza

Una vaca come alrededor de veinte kilos de pasto por día. Si el productor no sabe cuánto pasto tiene disponible, no puede decidir cuántos animales poner en cada potrero, cuándo moverlos ni cuánto alimento comprado agregar.

El método para averiguarlo, hasta hace poco, era el que Genin describe sin ninguna ironía: cortar una muestra con tijera, meterla en un microondas para secarla y pesarla. Artesanal, lento y con un margen de error considerable.

El resto de la decisión se tomaba a ojo.

Genin resume ese punto de partida con una fórmula que repite en entrevistas: pasar del más o menos a los datos objetivos. Y aclara que no es una discusión técnica, sino económica, porque de esa estimación depende la carga animal, el gasto en suplementación y el estado del suelo.

Tres perfiles que no se superponen

Pastech nació del cruce entre dos facultades de la Universidad Nacional de Mar del Plata que normalmente no se hablan demasiado: Ciencias Agrarias e Ingeniería.

Genin aporta lo suyo desde la segunda. Es licenciado en sistemas, magíster en administración de negocios y docente de la Facultad de Ingeniería, donde además dirige proyectos finales de estudiantes de Ingeniería en Informática y participa en hackatones de la casa. Su papel en el equipo es la mirada tecnológica y de transformación digital.

Los otros dos vienen del campo.

Juan Insua es cofundador y director internacional de I+D y Tecnología. Alejandra Marino, cofundadora y directora regional de Desarrollo de Negocios y Logística, se ocupa de la producción de recursos forrajeros y de la logística. Los dos son referentes en pasturas y nutrición animal en la Argentina y la región, con recorrido en el INTA Balcarce y en la propia universidad, y con publicaciones e investigaciones sobre manejo forrajero y sustentabilidad ganadera.

Esa mezcla es la que explica el producto. Cuando Bayer justificó por qué los eligió, señaló algo que suena obvio y no lo es tanto en el mundo de las aplicaciones para el agro: que el equipo conoce el problema desde adentro y habla el idioma del productor.

Genin lo formula a su manera. Dice que cada solución que desarrollan parte de caminar el campo y escuchar a quienes producen.

Cuatro herramientas, una plataforma

La primera pieza es un pasturómetro electrónico portátil, que mide en tiempo real la altura comprimida del pasto y la traduce a biomasa disponible. Es la respuesta directa a la tijera.

La segunda es satelital: un sistema que estima la disponibilidad forrajera por lectura remota, sin que nadie tenga que salir a recorrer.

La tercera son drones con sensores multiespectrales, para inspección detallada de un lote puntual.

Todo eso alimenta una plataforma web con algoritmos de estimación e inteligencia artificial, que incluye un módulo de pastoreo: cruza la oferta de pasto con la demanda nutricional del rodeo e indica los momentos óptimos de entrada y salida de los animales de cada potrero.

El resultado que Genin cita es concreto y tiene dos números. Está comprobado, dice, que un manejo así permite obtener hasta 750 litros más de leche por vaca al año y hasta 200 kilos adicionales de carne por hectárea.

La otra mitad del argumento es ambiental. Usar mejor el pasto significa optimizar la carga animal, gastar menos en suplementación y evitar el sobrepastoreo, que es lo que degrada el suelo. Un pastizal bien manejado, además, captura más carbono.

Su síntesis: no se trata solo de medir pasto, sino de convertir esa medición en una herramienta de gestión económica.

Un año con tres premios

2025 fue el año en que Pastech dejó de ser un proyecto prometedor.

En agosto llegó el premio Legado, organizado por Bayer Foundation, Bayer y Endeavor Uruguay. Se presentaron más de 360 emprendimientos de la Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay. Ganó Pastech. La justificación mencionó impacto comprobado, propuesta disruptiva y potencial de escala global.

En septiembre vino el concurso Emprendimiento Argentino, del Gobierno nacional, con más de 800 aspirantes en instancias provinciales, 46 finalistas y una final con doce proyectos. Pastech ganó la categoría Despegue Emprendedor, destinada a iniciativas que ya validaron su propuesta y concretaron su primera venta en los últimos dos años.

En noviembre, en el cierre de la Mar del Plata Tech Week, los ATICMA Awards la eligieron Emprendimiento Innovador del Año. Ese programa había recibido 150 proyectos, seleccionó 18 y llegó a una final de cuatro. El premio incluía un viaje a Silicon Valley.

Sobre ese reconocimiento, Genin dijo algo que ordena cómo entiende el asunto: que le permitía mostrar desde Mar del Plata lo que estaban haciendo, buscar contactos y sumar inversores.

Silicon Valley no es turismo

El viaje se concretó en mayo de 2026 y desde la empresa se encargaron de aclarar que no lo tomaban como una recompensa.

La frase que usaron fue que Silicon Valley no es turismo empresarial. Y Genin agregó una advertencia bastante poco habitual en alguien que acaba de ganar tres premios seguidos: ir allá no significa éxito automático, significa exponerse al estándar más alto de innovación y volver con una idea más ambiciosa de lo que la compañía puede llegar a ser.

La internacionalización, mientras tanto, ya estaba en marcha. Pastech abrió sede en Uruguay, donde entregó cuatro pasturómetros electrónicos y trabajó con la Estación Experimental de la Facultad de Agronomía en Paysandú, dentro de un proyecto de rediseño de sistemas intensivos de producción de leche. El recorrido incluyó Colonia, Young, Paysandú y Montevideo.

También empezó a operar en Australia, un mercado donde la ganadería pastoril es una industria pesada y la competencia tecnológica es bastante más dura que en la región.

Lo que viene, según él

Los objetivos que Genin puso sobre la mesa son deliberadamente incómodos.

Habló de crecer 146 veces en dieciocho meses, de alcanzar el 25% del mercado argentino y uruguayo y de entrar a Brasil y Paraguay.

Y remarcó el detalle que más lo enorgullece: que la tecnología está desarrollada íntegramente en Mar del Plata, desde la investigación hasta la electrónica y el software.

Es una industria local, dijo, con proyección global.

Para una ciudad que suele aparecer en las noticias por el turismo y la pesca, y para un sector que carga con la fama de ser refractario al cambio, el planteo tiene su gracia: la startup que quiere digitalizar la ganadería argentina nació en un aula de ingeniería a seis cuadras del mar.