
Nelson Duboscq

En 2012 vendió la empresa que había construido durante dos décadas y se deprimió. Lo cuenta él, sin rodeos, cada vez que lo invitan a hablar de emprendedurismo. Tenía una hija de quince años y una carrera que parecía terminada. Cuatro años más tarde abrió una escuela de programación en Buenos Aires con un socio nuevo. Hoy Digital House levantó más de 80 millones de dólares, tiene entre sus accionistas a Mercado Libre, Globant y un fondo cofundado por Bono, compró competidores en la Argentina y en Brasil, y capacitó junto a su par brasileña a más de 1,2 millones de personas en América Latina. Nelson Duboscq es ingeniero civil, hincha de San Lorenzo y lleva más de treinta años dedicándose a lo mismo: venderle formación a gente que quiere trabajar mejor.
Vender management cuando la palabra sonaba rara
A comienzos de los noventa, Duboscq y un socio se propusieron algo que hoy parece obvio y entonces no lo era: traer la disciplina del management a la Argentina.
La palabra ni siquiera circulaba.
En 1994 trajeron a Peter Drucker para una serie de seminarios y publicaron un libro en castellano sobre el tema. Duboscq define aquello como el puntapié inicial de su vida emprendedora, y tiene el mérito de haber sido una idea simple que llegó a mucha gente.
Después vino la revista Gestión, en 1996, la primera publicación de management y negocios en español pensada para el mercado latinoamericano. Y en 1998 la Expomanagement.
Ahí la compañía empezó a escalar de verdad.
Él mismo describe la etapa previa con una honestidad poco frecuente en este tipo de relatos: facturaban mucho, tenían buenos socios y conocimiento del oficio, pero el negocio no crecía en términos empresariales. Les faltaba la palanca.
La crisis que usó de trampolín
Llegó 2001. Cayó el mercado de capitales, cayó el producto bruto, se desarmó el consumo.
La lectura de Duboscq sobre ese momento es la que repite desde entonces: las crisis terminan mostrándote una oportunidad.
En vez de achicarse, salieron del país. Abrieron operaciones en España, México y Brasil, y después en Nueva York y Chicago. El World Business Forum se lanzó en Estados Unidos en 2004 y se convirtió en uno de los encuentros de ejecutivos más grandes del mundo, con ediciones en Madrid, Milán, Frankfurt, México, San Pablo y Buenos Aires. En 2007 sumaron Management TV, un canal de contenidos en español e inglés.
En 2012 todas esas marcas —eventos, revista, televisión, sitio web— se integraron bajo el nombre WOBI, y el grupo Laureate se quedó con el 42% de la compañía.
Ese mismo año Duboscq vendió.
El bajón y lo que salió de ahí
La parte que suele omitirse de las biografías de fundadores exitosos, él la cuenta primero.
Vendió, se deprimió fuertemente y tardó en levantarse. En el medio de esa crisis personal llegó a una conclusión que hoy usa como eje de todas sus charlas: el secreto de emprender está en encontrarse uno mismo y en generar valor para la sociedad.
De ahí sacó también su idea más citada, que aplica al negocio y no a la persona. Dice que hay que estar siempre en beta. Los valores se mantienen, pero el modelo se revisa permanentemente, porque el mercado cambia de comportamiento y hay que tener cintura.
Con un socio nuevo se propuso montar una compañía de capacitación que generara empleabilidad real. Formación, tecnología y trabajo, en ese orden.
Así apareció Digital House.
Un negocio construido sobre una escasez
El diagnóstico que sostiene toda la operación es simple y está documentado. Según la cámara del software argentina, cada año quedan sin cubrir alrededor de cinco mil puestos de trabajo en el país por falta de perfiles calificados.
Digital House dictó sus primeras clases en marzo de 2016 y se ubicó exactamente ahí: formar programadores, analistas de datos, diseñadores de experiencia de usuario y especialistas en marketing digital en plazos cortos y con foco en la empleabilidad.
El crecimiento fue rápido. Entre esas primeras clases y 2021, la compañía acumuló una tasa anual compuesta del 118% en ingresos y del 145% en estudiantes. En 2020, 28.000 alumnos pasaron por su plataforma en América Latina.
La financiación acompañó. Kaszek Ventures puso la serie A a comienzos de 2017. En diciembre de ese año llegó una serie B de 20 millones de dólares liderada por The Rise Fund, el fondo de impacto cofundado por Bono, el cantante de U2. Fue la primera inversión de ese fondo en la región, un dato que Duboscq usó después como carta de presentación.
Cuando Galperín y Migoya se sentaron a la mesa
A fines de 2020, Digital House anunció algo inusual: una carrera desarrollada en conjunto con Mercado Libre y Globant, llamada Certified Tech Developer, con una inversión conjunta de diez millones de dólares y 2.500 becas.
Esperaban unos diez mil inscriptos.
A los cinco días tenían cincuenta mil interesados.
El paso siguiente fue lógico. En marzo de 2021, la empresa levantó más de cincuenta millones de dólares en una ronda que no estuvo encabezada por fondos de inversión sino por las dos compañías de Marcos Galperín y Martín Migoya. Riverwood Capital y Kaszek acompañaron. Con eso, el total recaudado superó los ochenta millones.
Duboscq atribuyó ese interés a una cuestión de escasez pura: las empresas que más crecen en la región no consiguen la gente que necesitan.
En junio de ese año compraron Acámica, su principal competidora local. En octubre anunciaron la fusión con Rocketseat, una coding school fundada en 2017 en Santa Catarina que había armado la comunidad de desarrolladores más grande de Brasil. La operación se cerró, según la prensa brasileña, en 150 millones de reales, unos 27,5 millones de dólares. Entre las dos ya habían capacitado a más de 1,2 millones de personas en la región.
Brasil no era territorio nuevo: Digital House tenía sede en San Pablo desde marzo de 2018.
Las cinco cosas que dice en cada charla
Duboscq es un habitual de los escenarios emprendedores y tiene el discurso bastante afilado. Cuando le preguntan qué hace falta para que un proyecto funcione, enumera cinco factores y ninguno es especialmente romántico.
Una buena idea, aclarando enseguida que las buenas ideas las tiene mucha gente y lo que escasea es pasar a la acción.
Un equipo competente, que asesore y que discuta las ideas en vez de aplaudirlas.
Un modelo de negocio en beta, dispuesto a cambiar cuando el mercado cambia.
Fondos, con una advertencia práctica: hay que dedicarle tiempo al tema económico, porque el estrés de caja complica todo.
Y timing, que el producto llegue en el momento correcto.
Hay una frase suya que resume el resto. Dice que emprender es un camino largo y que al que le agarra el gusto no para más.
El aprendizaje que le sirvió dos veces
Mirando las dos etapas juntas, lo que hizo Duboscq es bastante parecido en ambas. Detectó un conocimiento que en la Argentina no circulaba y armó el canal para distribuirlo.
En los noventa fue el management, con seminarios, una revista y una feria. En los últimos diez años fue la programación, con cursos, plataforma y alianzas con las empresas que después contratan a los egresados.
La diferencia está en el alumno. Antes le vendía a ejecutivos que ya tenían el puesto. Ahora le vende a gente que todavía no lo tiene, y ese es el punto que él marca como su verdadera apuesta: no la capacitación en sí, sino la empleabilidad que viene después.
Su definición de liderazgo es de las que no se pueden discutir mucho. Dice que hay que tener valores, inspirar en valores y tener claro que se lidera con el ejemplo.
Viniendo de alguien que cuenta en público que después de vender su empresa se cayó y tardó en levantarse, la frase tiene algo más que un adorno de escenario.
