
Gastón Taratuta

En junio de 2022, un empresario nacido en Núñez subió al escenario de la Salle des Etoiles de Mónaco y se llevó el EY World Entrepreneur Of The Year, el premio que la industria llama el mundial de los emprendedores. Compitió contra cincuenta ganadores nacionales de cuarenta y una jurisdicciones y fue apenas el segundo sudamericano en conseguirlo en veintidós ediciones.
Gastón Taratuta había fundado su empresa diecisiete años antes, en Miami, con cinco mil dólares y una intuición sencilla: las grandes plataformas de internet iban a concentrarse en los cuarenta países que generan casi todo el producto bruto mundial, y alguien tendría que ocuparse de los otros ciento cuarenta. Ese alguien terminó siendo Aleph, que hoy opera en más de 130 mercados y factura dos mil millones de dólares al año.
Del cine de Núñez a las oficinas de Miami
Hay una escena que Taratuta repite cuando le preguntan por su infancia: a los diez años iba al cine con su padre y, en lugar de mirar la pantalla, contaba las butacas de la sala. La anécdota funciona como declaración de principios de un tipo que terminó dedicándose a medir audiencias en 130 países.
Su padre fabricaba zapatos. Él creció en Núñez, cursó el secundario en el colegio Sholem Aleijem y estudió marketing antes de tomar la decisión que ordenaría todo lo demás: irse a Estados Unidos. Llegó a Miami con trescientos dólares. Consiguió trabajo mientras seguía estudiando, sumó un máster en International Marketing en Florida International University y pasó por programas para graduados en Stanford. Hacia el año 2000 ya estaba metido en publicidad digital, una categoría que por entonces no representaba ni el uno por ciento de los presupuestos de marketing de las empresas.
Trabajaba para UOL cuando llegó el punto de quiebre. Existen dos relatos suyos sobre ese momento, y ambos son ciertos: la versión corporativa cuenta que le ofrecieron abrir una firma propia para representar comercialmente a la compañía; la versión que le dio a Perfil Córdoba es más filosa, la de un jefe que le anunció que ya no lo necesitaban y que su destino sería emprender. De cualquiera de las dos maneras, en 2005 nació IMS con cinco mil dólares de capital inicial.
La grieta que encontró en el mapa del negocio digital
El razonamiento que sostiene a Aleph cabe en un párrafo. Cerca de cuarenta países concentran la abrumadora mayoría del producto bruto mundial. Los otros ciento cuarenta se reparten una porción menor y, por lo tanto, quedan fuera del radar comercial de las grandes plataformas de Silicon Valley, que prefieren concentrar equipos y estructura donde el retorno es inmediato. Taratuta se ofreció a ocupar ese territorio vacante.
El modelo consiste en instalar una oficina local, salir a vender el inventario publicitario de la plataforma, educar al anunciante que todavía no entiende el producto y resolver la parte fea del asunto: cobranzas, impuestos, riesgo crediticio, restricciones cambiarias, conversión de moneda local a dólares. Después, el cheque viaja a donde la plataforma indique. Twitter fue el primer socio grande en América Latina; detrás llegaron Spotify, Waze, LinkedIn y Snapchat. Netflix desembarcó en la Argentina en 2011 de su mano, cuando el streaming todavía era una categoría exótica.
Comprar competidores hasta quedarse solo
Entre 2015 y 2024, Taratuta hizo lo que muy pocos emprendedores latinoamericanos lograron: convertir una empresa regional en un consolidador global. Ese año vendió su compañía a Sony por cien millones de dólares y, en lugar de retirarse, salió de compras.
Httpool, Wise.Blue, Social Snack, Ad Dynamo y Connect Ads fueron entrando al holding, que en 2021 adoptó el nombre Aleph como marca corporativa. Las adquisiciones abrieron Europa Central y del Este, Asia, Medio Oriente y África. En 2024 sumó tres operaciones por unos ochenta millones de dólares: Entravision Global Partners —su gran competidor regional, que aportó doscientas personas—, la asiática MediaDonuts y la fintech argentina Local Payments, con operaciones en dieciséis países.
Esa última compra explica hacia dónde va la compañía. Aleph venía procesando pagos para empresas desde hacía dos décadas; con un PSP propio puede cobrarle directamente al usuario final una suscripción de streaming o pagarle en moneda local a un creador de contenido. Vender publicidad y cobrar el consumo que esa publicidad genera, dentro de la misma estructura.
Los números fueron escalando en paralelo. En 2021 la facturación rondó los mil doscientos millones de dólares. Para octubre de 2022, Forbes Argentina la ubicaba operando en 93 países con más de quince mil clientes, mil quinientos empleados y una valuación superior a los dos mil cuatrocientos millones, apuntalada por inversiones de CVC Capital, MercadoLibre, Sony, Twitter y Snap. Dos años después, el balance mostraba dos mil millones de dólares facturados, veinticinco mil anunciantes, más de cincuenta plataformas como clientes y ochenta y nueve oficinas propias.
Mónaco, junio de 2022
El premio EY World Entrepreneur Of The Year se entrega desde hace más de dos décadas y funciona como un campeonato mundial de emprendedores: cada país nomina a su ganador nacional y un jurado internacional elige uno solo. En la Salle des Etoiles de Mónaco, Taratuta se impuso entre más de trescientos cincuenta participantes y cincuenta ganadores nacionales provenientes de cuarenta y una jurisdicciones. Fue el segundo sudamericano en conseguirlo en veintidós ediciones.
El jurado, presidido por Rosaleen Blair, fundadora de AMS, valoró que hubiera abierto mercados antes inaccesibles para emprendedores de países emergentes. La misma noche, EY distinguió a Stella McCartney con su premio a la sostenibilidad, y Bono subió al escenario a hablar de liderazgo.
Al recibirlo, Taratuta hizo algo que define bastante su estilo público: dedicó buena parte del discurso a su equipo y nombró a Ignacio Vidaguren, su socio, con quien comparte la conducción del holding. Días después, ya de vuelta en Miami, contó que había estado nervioso porque quería traer el título a la Argentina, y comparó la sensación con los minutos finales de una final del mundo.
Educación como estrategia, no como filantropía
Digital Ad Expert es el programa con el que Aleph capacita gratis en marketing y publicidad digital. La cifra creció rápido: para fines de 2024 llevaba unas doscientas noventa mil personas formadas en 130 países, con cursos cortos y otros más extensos en cuatro idiomas; alrededor de veintiocho mil completaron el trayecto de tres meses.
La lógica detrás no es únicamente altruista, y él lo admite sin rodeos. Trasladar el consumo global del mundo offline al online requiere millones de personas capaces de operar herramientas digitales, y esa mano de obra no existe todavía. Formarla en seis a dieciocho meses, en vez de seis años de carrera universitaria, es simultáneamente un acto de inclusión y una inversión en la demanda futura del propio negocio. En noviembre de 2024, la Universidad Siglo 21 lo distinguió como Empresario Líder en Córdoba, y él aprovechó para señalar que la educación a distancia argentina cubre un espacio que el sistema público no alcanza a llenar.
Para la Argentina, su receta tiene nombre propio: la “soja digital”. La idea de formar recursos humanos que exporten servicios digitales al mundo, replicando en tecnología lo que el agro hizo con las commodities.
La Fórmula 1 como vidriera global
El vínculo de Taratuta con el deporte pasó de lo emocional a lo estratégico. Hincha declarado de Racing, llevó a Digital Ad Expert como sponsor principal de la camiseta de la selección argentina hasta mediados de 2024. Pero la apuesta grande llegó en marzo de 2025, cuando Aleph anunció su asociación con Stake F1 Team KICK Sauber, sumándose a Globant y Mercado Libre en el desembarco argentino sobre la máxima categoría.
En enero de 2026 renovó y escaló esa posición: Aleph pasó a ser socio oficial del Audi Revolut F1 Team, acompañando la entrada de la automotriz alemana a la parrilla. La elección tiene su lógica interna. Pocas plataformas ofrecen simultáneamente alcance planetario y activación local mercado por mercado, exactamente el terreno donde Aleph opera. Él lo resume con una fórmula que repite en las presentaciones: una mirada “glo-cal”.
Un empresario que opina de política sin ser político
Desde su lugar de argentino que se fue hace casi tres décadas, Taratuta mantiene una lectura activa del país. Definió a Javier Milei como “un emprendedor que llegó a Presidente” y sostuvo que no lo considera un político: alguien técnicamente formado en un campo específico que, partiendo de cero y frente a estructuras partidarias centenarias, llegó a la Casa Rosada.
Su respaldo, sin embargo, viene con observaciones. Le preocupa que la discusión pública se agote en el ajuste macroeconómico y que nadie hable de cómo agrandar la torta, una omisión que atribuye tanto al Gobierno como al sector privado. Su propuesta concreta para el empresariado argentino es que las compañías compartan un porcentaje de sus ganancias con los trabajadores, con el argumento de que el salto de productividad compensa largamente el costo. Cuando le señalaron que la idea suena socialista, respondió que es capitalismo puro y citó el caso de Citibank en Perú. Se lo planteó a Milei en Miami; la respuesta presidencial fue que no alcanzaría.
Qué deja como caso de liderazgo
La trayectoria de Taratuta desarma algunos supuestos cómodos sobre el emprendedurismo latinoamericano. No hubo garaje ni prototipo genial, sino la lectura fría de una asimetría de mercado y veinte años de ejecución sobre esa lectura. Tampoco hubo apego territorial: construyó desde Miami una compañía argentina por identidad y global por estructura, con el argumento explícito de que quedarse anclado a una economía inflacionaria la habría fundido.
Su consejo a los emprendedores que lo consultan repite ese principio con insistencia. Si el servicio es bueno y la propuesta de valor es única, conviene pensar más allá de la frontera, armar un mix de monedas y recién entonces cruzar hacia mercados más estables. En un ecosistema donde el reconocimiento entre pares vale tanto como los balances, Marcos Galperín y Guibert Englebienne salieron a saludar su premio en Mónaco. Él respondió que ese gesto valía tanto como el trofeo.
