
Jairo Trad

Nació en Luyaba, un pueblo del valle de Traslasierra a 160 kilómetros de la capital cordobesa, y hoy dirige la empresa que le vende agua ahorrada a Google, Microsoft, Intel y Coca-Cola. Jairo Trad es ingeniero en computación, cofundador y CEO de Kilimo, una climatech que usa datos satelitales e inteligencia artificial para decirle a un agricultor cuánto y cuándo regar, y que convirtió ese ahorro en un activo que las corporaciones compran para cumplir sus metas hídricas. El Gobierno nacional lo distinguió como Emprendedor del Año en 2018. Seis años más tarde levantó una Serie A de US$ 7,5 millones.
Del fracaso previo a una idea con mercado
Trad y sus socios no llegaron al agua por vocación ambiental. Venían de emprender en tecnología para el agro, con un primer intento que salió mal, y volvieron a la carga sobre el mismo terreno por una razón práctica: es la industria donde la Argentina compite por derecho propio y donde la adopción de tecnología ya estaba instalada.
El riego apareció como el punto con mayor apalancamiento. La agricultura absorbe alrededor del 70% del agua dulce que consume la humanidad, de modo que cualquier mejora marginal en ese uso tiene efecto sistémico. Antes de escribir una línea de código, el equipo pasó seis meses recorriendo la Argentina y entrevistando productores para entender qué necesitaban. Kilimo nació en 2014, con impulso del programa Córdoba Acelera de la Agencia Innovar y Emprender, y con un nombre tomado del suajili, donde la palabra significa agricultura.
Un sistema que no depende de sensores en el campo
La plataforma cruza información satelital, datos meteorológicos y observaciones de campo para calcular la evapotranspiración real de un cultivo, es decir, la suma de lo que se evapora del suelo y lo que transpira la planta. Ese número, medido a diario, permite armar un balance hídrico del lote y enviarle al productor un aviso por web o aplicación con los milímetros u horas de riego que corresponden y en cuántos días aplicarlos.
La decisión técnica que Trad más defiende es la ausencia de hardware en el terreno. Si un sensor se rompe hay que ir hasta el lote a repararlo, algo lento y caro en geografías donde los clientes pueden estar separados por dos mil kilómetros. Al resolver la medición desde el dato satelital, Kilimo puede estimar el consumo de cualquier cultivo a cielo abierto en cualquier parte del mundo sin instalar nada.
La otra regla de diseño es asimétrica a propósito: pedir la menor cantidad posible de datos al productor y devolverle la mayor cantidad posible de información procesada. El agricultor carga lluvia o riego con dos toques y recibe una recomendación concreta. Las primeras mediciones de impacto, en la etapa temprana de la empresa, mostraban mejoras de hasta 30% en los rendimientos y hasta 70% en la eficiencia del uso del agua.
El invento comercial: pagarle al agricultor por no usar agua
El obstáculo de fondo no era técnico. Trad lo describe como una presunción de valor cero: la factura del agua no refleja lo que el recurso vale, sobre todo en agricultura, porque ningún país quiere encarecer la producción de sus alimentos. Sin precio real no hay incentivo para cuidarla, y sin incentivo ninguna tecnología se adopta.
Después de un año de conversaciones con distintos actores del sector, el equipo detectó que las corporaciones ya estaban comprando ahorros de agua, un instrumento conocido técnicamente como beneficios volumétricos y emparentado con los créditos de carbono, aunque con una restricción que lo hace más exigente: la reposición tiene que ocurrir en la misma cuenca donde la empresa consume. No sirve gastar en Buenos Aires y compensar en Entre Ríos.
Sobre esa lógica Kilimo montó su modelo. Le da servicio al agricultor durante un año en las cuencas donde operan sus clientes corporativos, mide cuánta agua ahorró al cierre del período y le transfiere una compensación económica por ese ahorro. Trad reivindica haber sido la primera empresa del mundo en pagarle a un productor por conservar agua. La reacción inicial de los agricultores, cuenta, fue de incredulidad completa: nadie les había ofrecido nunca algo así.
Del lado corporativo, el argumento de venta no apela a la buena voluntad. Las compañías tienen cuantificado cuánto dinero está en riesgo por escasez o exceso hídrico, y a diferencia de otras variables climáticas cuyo impacto se proyecta a futuro, el agua es material hoy: sin agua no hay producción. Kilimo trabaja con la metodología VWBA, el estándar global de contabilidad volumétrica de beneficios hídricos, con verificación de terceros para que cada metro cúbico reportado sea auditable.
Enseñar antes de vender
El primer problema que enfrentaron fue de conciencia, no de producto: había que explicar por qué gestionar el riego importa. La respuesta fue la Academia de Riego, una iniciativa gratuita que llegó a dictar tres webinars por semana y capacitó a más de 150.000 agricultores en América Latina. El 40% son micro y pequeños productores y el 25% son mujeres. La mitad de los clientes de la empresa proviene de ahí.
Trad justifica el esfuerzo con una observación sobre la naturaleza del negocio. Una empresa de tecnología urbana trabaja con usuarios relativamente homogéneos concentrados en ciudades grandes; en agricultura, cada caso tiene condiciones locales propias y los clientes están dispersos. La academia sirve para nivelar ese piso de conocimiento.
La ronda de 2024 y el mapa de ingresos
En junio de 2024 Kilimo cerró una Serie A de US$ 7,5 millones liderada por Emerald Technology Ventures, un fondo de innovación industrial que administra, entre otros vehículos, el mayor fondo del mundo especializado en agua. Acompañaron The Yield Lab Latam, Salkantay Ventures, Kamay Ventures e iThink VC. El destino del capital: reforzar la presencia local en mercados clave y desarrollar productos que sostengan el escalamiento del modelo de conservación.
La distribución de ingresos que Trad detalló entonces reordena la lectura del negocio. México aporta cerca del 40%, Chile el 30%, Argentina el 20% y el resto se reparte entre Brasil, Uruguay y Perú. México es su mercado principal y, según su propia proyección, lo seguirá siendo. La compañía esperaba duplicar facturación por tercer año consecutivo.
La geografía del negocio sigue la geografía del estrés hídrico. La región centro-norte de México atraviesa una sequía severa y la capital estuvo cerca del llamado Día Cero. En Chile, la mayor parte de la población, de la producción manufacturera y una porción no menor de la agricultura se concentran alrededor de Santiago, en una cuenca sobreexigida dentro de una zona en proceso de desertificación. En la Argentina, con más de la mitad del territorio bajo algún grado de sequía, Kilimo tiene proyectos en Entre Ríos, Corrientes, Mendoza, Neuquén y Buenos Aires.
Un liderazgo armado sin oficina
El equipo lo componen 55 personas repartidas en 25 ciudades de la región, con trabajo completamente remoto salvo cuando hay que ir al campo a conversar con productores. La explicación de Trad es de manual invertido: prefiere estar cerca de los clientes antes que dentro de una oficina. La estructura ejecutiva combina a los fundadores con perfiles incorporados después, entre ellos un economista peruano con MBA en Madrid a cargo de estrategia y nuevos negocios y una especialista en relaciones internacionales al frente de las alianzas hídricas y climáticas.
Su lectura del problema climático explica hacia dónde empuja a la compañía. Sostiene que mitigar emisiones es imprescindible pero insuficiente, porque la suba de temperatura ya no se va a poder contener del todo, y que la otra mitad del trabajo es la adaptación, cuyo eje pasa por el agua. Utiliza una imagen que repite en entrevistas: si la crisis climática fuera un tiburón, el agua serían los dientes, la forma concreta en que la sentimos. También la describe como un problema de acción colectiva, donde los esfuerzos individuales aislados no alcanzan.
Los próximos objetivos que planteó son consolidar México y Chile, escalar en Brasil y abrir operaciones en el sur de Estados Unidos y el sur de España. El propósito que la empresa se fijó hace años sigue siendo el mismo y funciona como su tesis de negocio: transformar el valor del agua.
