
Carolina Castro

En 2003, una recién egresada de Ciencia Política de la UBA buscaba trabajo en plena resaca de la crisis de 2001 y se presentaba a puestos de secretaria ejecutiva sin demasiada suerte. Terminó proponiéndole a su madre sumarse a la fábrica familiar, en Burzaco, donde la sentaron al lado de la contadora a cargar facturas. La empresa tenía cien empleados y personal suspendido.
Dos décadas más tarde, Carolina Castro preside esa misma compañía, hoy con unas 600 personas y dos plantas, y acumula en el camino una subsecretaría nacional, un foro empresarial del G20, un libro y el récord de haber sido la primera mujer en sentarse en la mesa chica de la Unión Industrial Argentina.
Una empresa familiar sin mandato familiar
Industrias Guidi fabrica piezas metálicas para la industria automotriz: paragolpes, refuerzos, soportes, paneles de piso, capots. La fundó su abuelo en la década del sesenta, y una decisión suya explica bastante de lo que vino después: estableció que cualquiera de sus hijos podía conducir la empresa sin distinción de género. Así fue como quedó al frente Juana Guidi, la madre de Carolina.
Ese detalle importa porque, según ella misma cuenta, nunca hubo obligación ni expectativa de que se sumara. Estudió lo que le apasionaba sin condicionar la carrera a la salida laboral, y es la primera universitaria de su familia. La entrada a la fábrica salió de ella, no de un mandato.
También explica su relación con las mesas de varones. Cuando le preguntan qué se siente ser la única mujer entre veinticinco hombres, responde que lo naturalizó porque vio a su madre hacerlo toda la vida.
De data entry a la mesa de decisiones
El recorrido interno fue lento y por abajo. Data entry primero, después distintos sectores administrativos y operativos, hasta que se hizo cargo del área de importaciones. Para eso se formó en comercio exterior en la Fundación del Banco Boston. Ella valora esos años porque la pusieron en contacto directo con la realidad del trabajo antes de tener que decidir sobre él.
El salto de escala llegó con la planta de Zárate, la segunda de la compañía, levantada sobre la Ruta 9 y cerca de su principal cliente, Toyota Argentina. Castro integró el equipo que la gestó desde la búsqueda del terreno hasta la licitación de la obra y su terminación. Lo señala como su punto de inflexión profesional.
Cuatro años afuera para volver distinta
El segundo hito que reconoce es haberse ido. Entre 2016 y 2017 fue subsecretaria de Política y Gestión de la Pequeña y Mediana Empresa en el Ministerio de Producción, con una estructura de unas doscientas personas a cargo. Después coordinó el B20, el foro empresarial que corre en paralelo al G20, en la edición que Argentina organizó.
Su lectura de ese paréntesis es la parte más interesante de su historia como caso de liderazgo. Cuando alguien es hijo o hija del dueño, dice, siempre queda la duda sobre si el lugar se ganó o se heredó. Conducir un equipo público que no tenía nada que ver con su recorrido previo funcionó como una validación externa: ahí ya no era la hija de la dueña. Volvió a Guidi, según su propia definición, más sólida.
La presión, aclara, no desapareció. Sostiene que el liderazgo se revalida todos los días, sobre todo en un país donde el contexto externo impacta de manera permanente sobre la gestión interna, y asegura que vive esa exigencia como impulso y no como carga.
La primera mujer en la mesa chica de la UIA
En junio de 2019, la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes la eligió para representar al sector autopartista en el Comité Ejecutivo de la Unión Industrial Argentina. Asumió como prosecretaria segunda y se convirtió en la primera mujer en integrar la conducción de la entidad en más de ciento treinta años de historia.
El dato anecdótico que circuló entonces resume la escala del cambio: la presencia femenina en el piso de la presidencia era tan improbable que ni siquiera había baño de mujeres. Ella recibió la designación como apertura de camino más que como logro personal.
Dentro del entramado gremial empresario acumuló varios roles: vicepresidencia segunda de la Unión Industrial de Almirante Brown, secretaría de Pymes en AFAC, presidencia de Diálogo UIA Joven, coordinación de AFAC Joven y la presidencia del Departamento de Legislación de la UIA. Desde 2012 integra además la delegación empleadora argentina en la conferencia anual de la Organización Internacional del Trabajo.
Industria 4.0: los cóndores y los que no escalan
Su agenda pública más consistente es la transformación digital del entramado industrial. En 2020, con datos de una encuesta de la UIA, describió el panorama argentino con una metáfora de montaña: en la cumbre, los “cóndores” que están en la vanguardia tecnológica, apenas el 6% de las empresas industriales; en la base, el 49% que ni siquiera empezó a escalar.
El caso que usa como demostración es el propio. Guidi lleva seis décadas en la metalurgia y unos quince años de proceso de transformación. Los indicadores que cita: stock que bajó de treinta días a uno o dos, y un salto de seis robots de soldadura a cincuenta y uno.
De ahí se desprende su reclamo de política pública. Compara con Alemania, que en 2011 lanzó un plan de industria 4.0 con un fondo de 2.750 millones de dólares para pymes, y sostiene que el mundo dejó de discutir si conviene tener industria o agregar valor: simplemente avanza.
El otro frente es la formación. Castro señala el déficit de ingenieros e ingenieras y de perfiles tecnológicos, y advierte que incluso la universidad corre detrás del cambio tecnológico. Su propuesta pasa por articular currículas entre Estado y empresas, tanto en oficios como en carreras universitarias.
Mujeres en el piso de planta
En diversidad de género, su aporte es medible. Cuando abrió la planta de Zárate definió desde el día cero incorporar mujeres al piso productivo, en un rubro donde la presencia femenina rondaba el 3%. En 2021 declaraba un 27% de operarias; para 2025, el 40% de la dotación de esa planta, muy por encima del promedio del sector metalúrgico.
Su preocupación actual apunta al retroceso del tema en la agenda corporativa. Observa que la reacción contra lo que se etiquetó como woke está impactando en programas de diversidad y mentoría que hasta hace poco tenían respaldo desde los directorios, y sostiene que el acceso femenino al mercado de trabajo trasciende esa discusión: sin ingreso propio no hay autonomía.
En 2020 publicó Rompimos el cristal, un libro de conversaciones con dieciocho mujeres argentinas de los negocios, el arte, la política y la ciencia.
El paso por la política y las críticas que recibió
En julio de 2021 aceptó ser la segunda candidata a diputada nacional por la provincia de Buenos Aires en la lista de Florencio Randazzo, dentro del frente Vamos con Vos. Definió esa decisión como una de las más difíciles de su vida y la justificó diciendo que los empresarios no pueden limitarse a señalar lo que no funciona.
Su diagnóstico de campaña giró alrededor de lo que llamó las tres Argentinas: la conectada al mundo y a la vanguardia tecnológica, la formal de las pymes que emplean a millones pero luchan por pagar sueldos e impuestos, y la que está en la marginalidad. La propuesta era integrarlas.
La lista obtuvo una sola banca, que quedó para Randazzo tras el escrutinio definitivo, de modo que Castro no llegó al Congreso y siguió al frente de la empresa.
Esa candidatura también le trajo críticas desde la izquierda. La Izquierda Diario publicó un perfil que cuestionó lo que definió como un feminismo patronal: sostuvo que Castro hablaba de romper el techo de cristal mientras impulsaba una agenda de reducción de la presión impositiva, incentivos a la contratación vía baja de contribuciones patronales y cambios en las normas laborales, y contrastó su discurso con los salarios del convenio metalúrgico de entonces, por debajo de la canasta de pobreza. La nota también señaló que la empresa recortó parte de los sueldos de trabajadores suspendidos durante la cuarentena de 2020 y accedió al programa ATP.
Qué muestra su recorrido
Castro representa un caso poco frecuente en el empresariado argentino: alguien que llegó a la conducción de una empresa familiar pero se ocupó de construir legitimidad afuera antes de ejercerla adentro. Su frase sobre el punto es directa: se deja de ser la hija del dueño cuando se lidera por lo que se sabe.
También llama la atención cómo administra su formación. No estudia formalmente, pero se declara en aprendizaje permanente a través de lecturas, podcasts y seguimiento de los debates globales sobre inteligencia artificial y regulación tecnológica.
El consejo que se daría a sí misma veinte años atrás, dice, es el mismo que se aplica hoy: escuchar más, hablar menos.
