Liderazgo Empresarial

Mariano Núñez 

Mariano Núñez, fundador de Onapsis
Mariano Núñez convirtió su experiencia como hacker ético en Onapsis, una compañía nacida en Buenos Aires que creó una nueva categoría dentro de la ciberseguridad empresarial.

Tenía doce años cuando vio una película sobre hackers y le pidió a su madre que le comprara un libro de seguridad informática de 800 páginas en inglés, un idioma que todavía no dominaba. Lo leyó entero. Ese chico terminó fundando Onapsis, la compañía que creó desde cero una categoría entera dentro de la ciberseguridad y que hoy protege los sistemas SAP y Oracle de algunas de las organizaciones más grandes del planeta.

El origen: una película, un libro y un “no” a los dieciséis

La entrada de Núñez a la ciberseguridad no pasó por ninguna universidad. Empezó con una película que vio de chico y siguió con un libro que le llamó la atención en un puesto callejero durante un viaje familiar. Lo devoró siendo un preadolescente.

Después vino la parte menos romántica. Había un investigador de seguridad argentino al que admiraba y le escribió pidiéndole trabajo. Le dijeron que no: tenía dieciséis años. Volvió a intentarlo a los dieciocho, esta vez ofreciéndose a trabajar gratis. Lo tomaron y le pagaron. Desde entonces no salió del rubro.

El hallazgo que se convirtió en empresa

En ese primer empleo como hacker ético le tocó auditar la aplicación de un cliente y se topó con un software que no conocía: SAP. Investigando entendió dos cosas al mismo tiempo. La primera, que se trataba de una de las plataformas más críticas del mundo corporativo, por la que pasa una porción enorme de las transacciones globales. La segunda, y más sorprendente, que prácticamente nadie en la comunidad de seguridad estaba mirando ahí. Sin experiencia previa en el tema, encontró vulnerabilidades graves que nadie había reportado.

Ese desajuste (un sistema esencial y desatendido) fue el punto de partida. En 2009 fundó Onapsis junto a Víctor Montero y Juan Pablo Pérez Etchegoyen. Los tres venían de familias de clase media argentinas, sin red de contactos ni acceso a capital. Arrancaron en el cuarto de uno de los socios, en un barrio porteño, sin aire acondicionado en verano ni calefacción en invierno.

Cien negativas antes del primer sí

El primer cliente que compró una licencia del producto, en 2010, fue el Ejército de Estados Unidos. El detalle no evitó que la ronda de inversión fuera un calvario. Núñez cuenta que en las primeras presentaciones ante fondos estadounidenses acumularon alrededor de cien negativas: inversores y expertos en seguridad le repetían que proteger los sistemas de negocio no era un problema real.

La mudanza a Estados Unidos sumó otra capa de dificultad. Llegó como CEO inmigrante primerizo, sin contactos ni red, obligado a armar equipos comerciales desde cero en un entorno cultural distinto. Sobre esa etapa tiene una opinión firme respecto de un consejo que escuchó y hoy considera vacío: aparentar hasta lograrlo. Su posición es la contraria, ser lo más genuino posible y rodearse de gente honesta.

De laboratorio a categoría de mercado

Antes de vender software, Núñez y sus socios construyeron reputación técnica. Fueron los creadores del primer framework open source de penetration testing para SAP y ERP, y él descubrió más de sesenta vulnerabilidades en aplicaciones SAP, además de fallas críticas en productos de Oracle, IBM y Microsoft. También fue el primero en llevar el tema a los escenarios grandes del sector: RSA, Black Hat y SANS.

Ese trabajo de investigación sigue siendo el motor de la compañía. Los Onapsis Research Labs son responsables de hallazgos que llegaron a los titulares del mundo de la seguridad, con nombres propios como RECON, ICMAD, P4CHAINS, 10KBLAZE y, más recientemente, el zero-day de SAP identificado como CVE-2025-31324.

Su lectura de por qué la empresa se destacó no es sobre producto, sino sobre categoría: no crearon solo una compañía, crearon un segmento de mercado que antes no existía, el de la protección de aplicaciones críticas de negocio.

Los números del crecimiento

Para 2014 la compañía ya tenía oficinas en Boston y en Alemania. En 2019 hizo su primera adquisición, la firma alemana Virtual Forge, para reforzar su posición europea. Núñez admite que no era una compra planificada, y que el encaje resultó más complementario de lo previsto.

A comienzos de 2020, Onapsis contaba con unos 300 clientes (IBM, Microsoft, Verizon, Siemens, Sony y el propio Ejército estadounidense entre ellos), 330 empleados con el 40% radicados en Argentina, y venía creciendo cerca del 80% anual en facturación medida en dólares durante cinco años seguidos. Había levantado unos 63 millones de dólares desde su fundación, incluidos 31 millones en la serie C de 2018. La prensa de negocios la incluía entre las candidatas argentinas a superar los mil millones de dólares de valuación, y el propio Núñez decía por entonces estar diseñando la empresa pensando en una eventual salida a bolsa.

En 2020 el sector le dio otro reconocimiento al distinguirla como mejor solución de gestión de vulnerabilidades del año en los CyberSecurity Breakthrough Awards. Un año después, Bloomberg Línea lo incluyó en su listado de los 100 emprendedores latinoamericanos.

Lo notable es que nunca desarmó la operación argentina. Su argumento fue directo: incluso con costos salariales equivalentes a los estadounidenses seguiría manteniéndola, porque el talento local en ciberseguridad es demasiado bueno para dejarlo pasar.

El premio de EY y el circuito internacional

En junio de 2018, en una gala en el Westin Boston Waterfront, Núñez recibió el Entrepreneur Of The Year de EY para la región de Nueva Inglaterra, elegido por un jurado independiente. El programa, que existe desde 1986, distinguió antes a fundadores como Howard Schultz, Pierre Omidyar, Reid Hoffman y Hamdi Ulukaya. Ganar la región lo habilitaba a competir por el galardón nacional estadounidense.

A esa distinción se suman el reconocimiento del MIT como uno de los innovadores menores de 35 años, el 40 Under 40 del Boston Business Journal y su selección para el Black Hat Review Board, el comité que evalúa qué investigaciones entran en una de las conferencias de seguridad más importantes del mundo.

Devolver algo del camino

En 2017 la compañía lanzó Onapsis Cares, su programa de impacto comunitario. La pieza más interesante es el esquema de pasantías: en lugar de reclutar en las universidades de elite, como hace el resto de la industria, el programa acepta únicamente postulantes de comunidades de bajos ingresos en Argentina, que se incorporan al centro de investigación y desarrollo más grande de la empresa.

En 2019 tomaron otra decisión poco habitual: dejar de gastar en merchandising de conferencias y derivar ese presupuesto a donaciones. Solo en 2020 aportaron más de 40.000 dólares a organizaciones como la Breast Cancer Research Foundation, la American Foundation for Suicide Prevention, Feeding America y UNICEF.

Detrás de eso hay una convicción que expresa sin adornos: cree que la meritocracia es en buena medida una ilusión, porque las oportunidades no están repartidas de forma pareja y el éxito no depende solo del esfuerzo. Si pudiera impulsar un movimiento, sería uno que combine mentoría, educación y empleo para emparejar la cancha.

Cómo piensa el liderazgo

Núñez identifica tres rasgos como decisivos en su recorrido: resiliencia, perseverancia e integridad. La primera la asocia a los años sin dinero, con gente del equipo yéndose a otras empresas y una pandemia de por medio. La segunda, a las cien negativas de los inversores. La tercera, a tener principios firmes cuando toca decidir cosas incómodas.

Sobre financiamiento, su consejo a fundadores es más matizado que el discurso habitual: levantar capital no es solo una decisión de negocio sino de vida, porque implica meterle a la empresa una lógica de crecimiento y retorno. Recomienda bootstrapear un tiempo y conseguir algo de tracción antes de la primera ronda, para negociar mejor.

Del error más común entre CEOs primerizos tiene una respuesta corta: subestiman cuánto cuesta y cuánto tarda. Los éxitos que parecen de la noche a la mañana casi nunca lo son.

Para sostener el ritmo apela a rutinas concretas. Medita, entrena y se toma las vacaciones en serio: apaga el correo y las aplicaciones de trabajo del teléfono, y avisa que solo lo llamen por algo urgente. Su lógica es que revisar mensajes mientras uno descansa implica que el cerebro nunca deja de trabajar.

Qué queda de todo esto

El arco es poco frecuente incluso para el ecosistema argentino: un investigador técnico que detectó un punto ciego de la industria, lo documentó públicamente cuando nadie le prestaba atención y después construyó alrededor de ese hallazgo una empresa global con sede en Boston y corazón operativo en Buenos Aires. Vive en Estados Unidos con su esposa y su hija, dice que la persona con la que más le gustaría almorzar es Lionel Messi, y sigue defendiendo que lo que hace Onapsis desde la Argentina no lo está haciendo nadie más en el mundo.