Liderazgo Científico

Gabriela Gutiérrez

Gabriela Gutiérrez, científica y CEO de Microgénesis
Gabriela Gutiérrez, investigadora del CONICET y fundadora de Microgénesis, desarrolló una tecnología que estudia la relación entre microbiota intestinal, inflamación y fertilidad femenina.

Investigadora independiente del CONICET, especialista en inmunología reproductiva y CEO de Microgénesis, la empresa argentina que llegó a Silicon Valley con un descubrimiento inesperado: buena parte de la infertilidad femenina severa empieza en el intestino. Fundó dos compañías de base tecnológica sobre patentes desarrolladas con fondos públicos, estudió a más de 3.000 mujeres a lo largo de su carrera y alcanzó una tasa de embarazo del 75% en pacientes a las que la medicina convencional ya había dado por perdidas. Su tecnología fue declarada de interés por el Senado argentino y su startup llegó a ser señalada como candidata a unicornio.

Una vocación decidida a los tres años

Gutiérrez cuenta que su primer recuerdo es jugar con su padre y saber que iba a dedicarse a la ciencia. Con los años dudó entre medicina y biología reproductiva, y se decidió por la segunda con un argumento práctico: los médicos casi no tienen tiempo para investigar. Se recibió en la Universidad CAECE, doctoró en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA e hizo un posdoctorado en la Universidad de Jena, en Alemania. Ingresó al CONICET en 2005 y se especializó en inmunología reproductiva.

Entre sus referencias menciona a Christiane Dosne de Pasqualini, la investigadora nacida en Francia que se nacionalizó argentina y abrió camino para las mujeres en el sistema científico local. El argumento que Gutiérrez rescata de esa biografía es simple: si aquella pudo en su época, no hay excusa ahora.

Del laboratorio a la clínica: el origen del método

En 2007, con un subsidio del CONICET, empezó a trabajar en un centro de fertilidad donde armó y dirigió el departamento de investigación y desarrollo. Estuvo cinco años allí y llegó a estudiar a más de 3.000 mujeres. De esa etapa salió su primera propiedad intelectual: el test TIME, diseñado para detectar causas inflamatorias que todavía no dan síntomas pero ya afectan la capacidad reproductiva. Sobre esa base fundó en 2015 Inmunogénesis, una empresa de base tecnológica cuya propiedad intelectual quedó en manos del organismo científico.

La pregunta que abrió la segunda etapa fue de dónde venía esa inflamación silenciosa. La respuesta la encontró en el aparato digestivo. Su hipótesis es que la pérdida de diversidad de la flora intestinal —consecuencia de la industrialización de los alimentos, el uso indiscriminado de antibióticos y la vida urbana con menos contacto con otras especies— desencadena procesos inflamatorios que deterioran el potencial reproductivo. En el mismo período, la infertilidad mundial pasó del 2% al 10% de la población.

Microgénesis: un test que la paciente se hace en casa

Con Agustina Azpiroz, microbióloga y ex becaria de su doctorado convertida en socia, desarrolló una segunda patente. La idea era reemplazar dos cosas a la vez: la biopsia de endometrio por un hisopado que la propia mujer se administra, y los medicamentos antiinflamatorios por suplementos, vitaminas y probióticos personalizados.

El procedimiento arranca con una consulta virtual. La muestra viaja al laboratorio, donde se la clasifica dentro de uno de los 64 perfiles de microbiota que el equipo identificó. Cada perfil tiene asignado un tratamiento propio de tres meses que combina probióticos, prebióticos, un plan alimentario, ejercicio y acompañamiento psicoemocional. La diferencia de costos con la vía tradicional es notoria: un tratamiento de fecundación in vitro puede trepar a los US$ 20.000, mientras que el kit con asesoramiento ronda los US$ 400.

Los números clínicos sostienen el negocio. El estudio inicial incluyó a 287 mujeres que ya habían fallado en varios intentos de reproducción asistida y llevaban en promedio una década buscando embarazo. Tras 90 días de tratamiento, el 75% quedó embarazada en los seis meses siguientes. Nacieron 199 bebés. Una réplica del estudio en Estados Unidos arrojó 38% de embarazos en los primeros tres meses. El trabajo científico se publicó en el American Journal of Reproductive Immunology.

El salto a San Francisco, en el peor momento posible

Microgénesis se constituyó gracias a un Empretecno del Ministerio de Ciencia y al trabajo con GRIDX, el company builder de Matías Peire enfocado en crear empresas biotecnológicas. Entre 2016 y 2018 habían obtenido fondos del Fontar para financiar los ensayos con las primeras 300 pacientes. La incubación en Grid Exponential ocupó todo 2019 y permitió abrir la operación española justo antes del confinamiento.

El giro llegó por una puerta lateral. Las convocatorias de IndieBio, la principal incubadora de biotecnología del mundo, ya estaban cerradas. Gutiérrez y su equipo se habían presentado a una línea de financiamiento vinculada al COVID-19, y en esa primera entrevista virtual contaron de pasada sus resultados en fertilidad. Los evaluadores les preguntaron por qué presentaban un proyecto sobre coronavirus si su experiencia estaba en otro campo. Hicieron una excepción y las sumaron como empresa número once. Fueron seleccionadas entre más de 2.000 postulantes, terminaron primeras en el puntaje del programa y se convirtieron en la quinta compañía argentina en pasar por esa aceleradora. IndieBio invirtió US$ 1,6 millones.

Después vino la reorganización societaria: Microgenesis Corporation quedó con sede en Estados Unidos y las operaciones argentina y española pasaron a ser subsidiarias. La aceleradora AvantLab sumó respaldo financiero, con la expectativa explícita de que la empresa pudiera convertirse en un nuevo unicornio argentino. El CONICET comparte la patente y cobra regalías sobre las ventas.

Cambiar la pregunta de la industria

El aporte que Gutiérrez reivindica no es solo técnico. Sostiene que la industria de la fertilidad se organizó alrededor de conseguir el bebé y se desentendió de lo que le pasa a la mujer durante el proceso, incluidas las consecuencias de las hormonas y los tratamientos. Su posición es que toda paciente tiene derecho a conocer las alternativas antes de entrar a un ciclo de fecundación in vitro.

Ese enfoque se extendió a otros cuadros. El equipo trabaja sobre endometriosis —que afecta a una de cada diez mujeres en edad reproductiva, tres de las cuales ni siquiera saben que compromete su fertilidad—, menopausia, ovario poliquístico, diabetes y obesidad. En el Health in Action Summit de Forbes Argentina, Gutiérrez planteó que la industria alimentaria va a tener que armar perfiles de dieta individualizados y que no existe una receta única de alimentación saludable para todo el mundo.

Reconocimiento institucional y la cuestión de género

En marzo de 2023 el Senado de la Nación declaró de interés el trabajo científico de Microgénesis, a partir de una iniciativa de la senadora Silvina García Larraburu. Casi en paralelo, Patricia Bullrich visitó las instalaciones de IndieBio durante una gira por Estados Unidos. Las fundadoras remarcaron que no habían hecho gestión política alguna para conseguirlo.

Gutiérrez es directa cuando le preguntan por el machismo en el ámbito científico: sostiene que todavía quedan investigadores de generaciones anteriores convencidos de que a la mujer le corresponde la casa y los chicos, aunque cada vez son menos. También describe la maternidad como un momento hermoso y a la vez crítico para una profesional, algo que atravesó tres veces mientras construía su carrera. Su tesis sobre el aporte femenino a la investigación es que la mirada de una mujer le da a la ciencia un sentido de impacto social que de otro modo cuesta encontrar. Matías Peire aporta un dato que respalda esa lectura desde el lado inversor: el 70% de los fundadores de las 56 empresas de GRIDX son mujeres, sin que haya existido una política deliberada para lograrlo.

Entre sus proyectos futuros figura extender el análisis al varón, estudiar cómo se intercambian las microbiotas dentro de una pareja y comparar el microbioma infantil con el de chicos con autismo y celiaquía, con el objetivo de anticipar enfermedades inflamatorias antes de que aparezcan.