
Franco Rodríguez Viau

Cofundador y CEO de Satellites on Fire, la compañía argentina de climate-tech que detecta incendios forestales con inteligencia artificial 35 minutos antes que los sistemas tradicionales de la NASA. Empezó en 2020 como un trabajo práctico de la Escuela Técnica ORT, cuando tenía 16 años y los incendios arrasaban las sierras de Córdoba. Seis años después, la plataforma monitorea 41 millones de hectáreas en 21 países, reúne más de 55.000 usuarios y levantó US$ 2,7 millones de fondos internacionales liderados por Dalus Capital. Este es el recorrido de un CEO que empezó a negociar con gobiernos y grandes corporaciones antes de cumplir 18.
Un problema ajeno que decidió hacer propio
Franco Rodríguez Viau creció en la Ciudad de Buenos Aires, lejos del monte y sin contacto directo con brigadas ni cuarteles. En 2020, con 16 años y encerrado por la pandemia, siguió por televisión el avance del fuego sobre las sierras de Córdoba. Amigos y familiares perdieron viviendas en esa temporada. Él mismo describió esa etapa como una mezcla de bronca e impotencia frente a una pantalla.
Ese malestar podría haberse quedado en indignación de sobremesa. En cambio derivó en un trabajo práctico de la Escuela Técnica ORT que Franco encaró junto a dos compañeros, Joaquín Chamo y Ulises López Pacholczak. Cuatro meses de desarrollo después, tenían un sistema que cruzaba imágenes satelitales con modelos de inteligencia artificial. Lo entregaron al colegio y sacaron nota. La historia habría terminado ahí de no ser por una decisión que hoy explica todo lo demás: quisieron saber si servía de verdad.
El “no” que ordenó la estrategia
Fueron a mostrarlo a organismos vinculados al manejo del fuego. La devolución fue frontal: con demoras de entre tres y cinco días para que la información llegara, la herramienta no tenía uso operativo. Rodríguez Viau recuerda ese momento como un golpe fuerte, y también como el mejor aprendizaje del proyecto.
En lugar de retocar lo que tenían, volvieron al punto de partida. Entrevistaron a cientos de brigadistas, gestores de emergencias y técnicos hasta identificar el verdadero cuello de botella: los organismos que protegen bosques —parques nacionales, forestales, agrícolas, cuarteles de bomberos, gobiernos— suelen enterarse de un foco por el llamado de un vecino. Donde no hay vecinos, no hay aviso, y ahí es donde el fuego se vuelve catastrófico. La detección temprana pasó a ser el eje de todo el producto.
Software antes que fierros: la apuesta que definió el modelo
La segunda decisión estructural fue negarse a fabricar hardware. Mientras varios competidores lanzaban satélites propios, Satellites on Fire eligió ser una capa de software que integra lo que ya existe: constelaciones de la NASA, la NOAA y la Agencia Espacial Europea, sumadas a cámaras ópticas rotativas de 360°, torres meteorológicas y drones de sus propios clientes.
El sistema procesa más de diez satélites cada cinco minutos y ejecuta tres modelos propios de inteligencia artificial: uno de detección temprana, otro que identifica columnas de humo en las cámaras de las torres y un tercero que anticipa cómo se va a propagar el frente de llamas. El resultado promedio es una alerta 35 minutos más rápida que la de los sistemas tradicionales de la NASA, que hoy son los más utilizados del mundo. El aviso viaja por WhatsApp directo al brigadista que está en terreno.
Rodríguez Viau suele señalar la ventaja del enfoque sin fierros propios: permite escalar más rápido y a menor costo en un mercado donde lanzar satélites resulta difícil de sostener financieramente.
De un cliente que pagaba mil pesos a contratos con gobiernos
El salto de proyecto escolar a empresa tardó. El primer cliente pago apareció un año y medio más tarde: un vecino de Córdoba que abonaba alrededor de mil pesos mensuales para vigilar los alrededores de su casa. Después llegó Forestal Argentina, la mayor compañía forestal del país, con una relación que ya lleva cerca de cuatro años.
El resto del recorrido comercial se aceleró. Hace un año y medio la empresa tenía tres clientes argentinos; hoy supera los treinta en distintos países y sectores. El modelo combina una versión freemium abierta —donde cualquiera puede consultar los focos activos de la última hora en Latinoamérica— con suscripciones para forestales, energéticas, agrícolas, aseguradoras y gobiernos que necesitan alertas en tiempo real y coordinación operativa.
Los casos concretos son el argumento de venta más contundente. En el estado de México, la mortalidad de brigadistas cayó a cero después de mejorar la información disponible para atacar los focos. La provincia de La Pampa y el municipio cordobés de Despeñaderos llevan más de dos años como clientes. El Consejo Nacional de Bomberos Voluntarios implementó el sistema en sesenta localidades argentinas. La Fundación Patagonia Natural lo usó en su reserva La Esperanza, cerca de Puerto Madryn, para seguir la evolución del fuego y evacuar a tiempo. En Uruguay trabajaron con la Sociedad de Productores Forestales. Durante 2025 la plataforma ayudó a coordinar la respuesta a más de 600 incendios.
Ciento y pico de rechazos y una ronda que se duplicó
La primera ronda fue de US$ 900.000, con respaldo de Naciones Unidas, el MIT, Cornell University y Alexis Ohanian, cofundador de Reddit. Con esa plata el equipo pasó de tres personas a diecisiete.
La segunda llegó en 2026: US$ 2,7 millones liderados por Dalus Capital, con participación de Draper Associates, Vitamin C y Draper Cygnus VC, entre otros fondos internacionales. Habían salido a buscar US$ 1,5 millones y cerraron casi el doble, con cinco fondos estadounidenses en el cap table. Detrás de esa cifra hay una estadística que el propio CEO repite sin edulcorar: más de cien inversores les dijeron que no. Los rechazos que más dolieron, aclara, fueron los de quienes podían abrirles Brasil o Estados Unidos.
Diego Serebrisky, managing partner de Dalus Capital, justificó la apuesta describiendo a la compañía como una muestra de talento latinoamericano aplicando inteligencia artificial de nivel global al cambio climático.
Liderar con diecisiete años en la mesa
Rodríguez Viau enumera dos obstáculos personales. El primero fue arrancar sin conocimiento específico y tener que aprender finanzas, cuestiones legales, ventas y producto sobre la marcha. El segundo fue la edad: sentarse a los diecisiete años frente a corporaciones y organismos públicos que, razonablemente, confían más en trayectorias largas.
Su rol también mutó. Pasó por desarrollo, producto, ventas, captación de capital, temas legales y armado de equipo. Hoy concentra su tiempo en estrategia, relación con inversores y conducción de las áreas comerciales y de producto, al frente de una estructura de más de veinte personas. Puertas adentro sostiene una práctica poco habitual para una empresa de este tamaño: workshops mensuales para que todo el equipo exprima los modelos de inteligencia artificial, con la consigna explícita de potenciar a cada persona en lugar de reemplazarla.
Prevención, detección, monitoreo y, después, apagado
El horizonte que plantea es un sistema integral de protección contra incendios. Ya cubren detección, monitoreo con análisis de propagación y prevención con evaluación de riesgo basada en la última década de datos. También detectan caída de rayos —la principal causa natural de focos— y deforestación ilegal en parques nacionales.
Falta la última pieza: la supresión. La empresa proyecta integrar drones capaces de hacer la contención inicial de forma automática apenas el satélite marca el punto de calor, con la idea de frenar las pérdidas catastróficas antes de que un frente se descontrole.
En paralelo avanzan tres frentes comerciales: seguros paramétricos contra incendios junto a AON en América Latina, los primeros pilotos pagos en Estados Unidos —incluidas negociaciones con el gobierno de California— y la entrada al mercado brasileño, para la cual buscan sumar a alguien que lidere esa expansión.
El contexto que empuja el negocio
Los números del problema explican por qué el mercado crece. Hoy se quema más del doble de superficie que hace veinte años. Alrededor del 95% de los incendios tiene origen humano, y en Chile esa proporción trepa al 99,7%. La conclusión operativa de Rodríguez Viau es menos épica que realista: los incendios van a seguir existiendo, así que el objetivo no es eliminarlos sino evitar que se transformen en catástrofes.
Su consejo para quienes empiezan tiene la misma temperatura. Recomienda prestar atención a las dificultades reales de la gente cercana, validar rápido, escuchar antes de construir y respetar el estilo propio, porque no existe una receta única. Él lo aprendió del peor modo posible: escuchando que su primer sistema, después de cuatro meses de trabajo, no le servía a nadie.
