
Ricardo Markous

Pensaba retirarse cuando le ofrecieron el cargo más alto de la petrolera. Su camino combina ingeniería, formación internacional y proyectos en tres países.
Cuando le propusieron ser CEO de Tecpetrol, Ricardo Markous ya estaba pensando en su retiro. Aceptó, y desde el 1 de abril de 2021 conduce el brazo petrolero del Grupo Techint, una compañía en la que lleva 45 años y donde transitó casi todas las etapas de su carrera. “A veces el camino te sorprende y puede resultar en grandes oportunidades”, resumió sobre aquel giro.
Su llegada a la conducción cerró un recorrido que empezó muy lejos del petróleo. Markous estudió ingeniería civil en la Universidad de Buenos Aires con orientación hidráulica porque quería construir diques: le gustaba la montaña. Nunca hizo uno. En cambio, trabajó en el centro de energía oceánica del CONICET y en 1980 ingresó al área nuclear de Techint Ingeniería y Construcción.
Formación entre el MIT y Stanford
La empresa apostó temprano a su formación. En 1982 estudió en el MIT y, cuando el Plan Nuclear se descontinuó en 1987, el grupo lo envió a cursar un máster en Management en Stanford. Regresó a principios de los noventa, en plena ola de privatizaciones, y se incorporó al negocio del gas a través de la ampliación de la red Transportadora de Gas del Norte (TGN).
Ese fue el inicio de una etapa que él mismo describe como fascinante. Tras un paso por Tecgas —la unidad que operaba TGN y que en 1999 se fusionó con Tecpetrol—, asumió responsabilidades crecientes hasta quedar al frente del desarrollo de negocios, gas & power y comercialización de la empresa en Argentina desde 2005.
Los proyectos que lo formaron como ejecutivo
Antes de la conducción general, Markous estuvo a cargo de Camisea, en Perú, el proyecto que recuerda como el más divertido de su carrera. La obra implicó construir dos ductos que cruzan la selva, alcanzan los 4.800 metros de altura y descienden hacia el mar, con 6.000 personas trabajando. Le dejó además una lección sobre la exposición pública: ante las roturas que debió enfrentar en la prensa peruana, aprendió que una compañía puede tener perfil bajo, pero que cuando hace falta hay que dar la cara y explicar con transparencia.
De esa experiencia rescata también un aprendizaje sobre las decisiones que no salen como uno espera. Camisea terminó vendiéndose, algo con lo que no estaba de acuerdo. “Cuando una puerta se cierra se abre otra”, planteó: con esos fondos, la empresa pudo desarrollar Fortín de Piedra.
La sucesión de Ormachea
Markous reemplazó a Carlos Ormachea, que condujo Tecpetrol durante 17 años y pasó a ocupar la presidencia del directorio. Al anunciar el relevo, Ormachea lo definió como un líder con profundo conocimiento del mercado energético, que había participado en los proyectos más importantes de la compañía en Argentina, México y Perú. La continuidad quedó planteada sin sobresaltos: el nuevo CEO heredaba un equipo consolidado y el activo gasífero que había transformado el negocio.
Una conducción apoyada en el equipo
Consultado por su estilo, Markous insiste en el trabajo colectivo y en transmitirlo a las nuevas generaciones. Aconseja a quienes empiezan que compartan el conocimiento, que se animen a cuestionar y que sepan reconocer los errores: “levantar la mano y decir ‘me equivoqué’; de eso se aprende mucho”. Sostiene que la “milla extra” es la que permite crecer.
Esa cultura se tradujo en un resultado concreto que él ubica como uno de los logros de su gestión. Tras los accidentes que la empresa atravesó en el pasado, Tecpetrol reforzó con su personal y sus contratistas una cultura de seguridad construida desde el campo. Hoy, según Markous, la compañía exhibe un índice de seguridad comparable al de las petroleras internacionales de primera línea, el tipo de dato con el que mide el rumbo que le imprimió a la conducción.
