Liderazgo Científico

Federico D'Alvia Vegh

Federico D’Alvia Vegh: el crecimiento de Stämm desde adentro
Federico D’Alvia Vegh dirige las operaciones de Stämm, la empresa biotecnológica que fundó en 2016 junto a su primo Yuyo Llamazares Vegh.

Federico D’Alvia Vegh cofundó Stämm en 2016 con 5.000 dólares prestados por la familia y una intuición heredada de la cervecería casera de su abuelo: que la biología se podía producir en equipos chicos. Una década después es COO de una biotech argentina con más de 200 empleados, seis patentes internacionales y un bioprocesador del tamaño de una heladera que compite contra fábricas enteras. Este perfil recorre su camino, su rol en la operación y los hitos de la compañía que armó junto a su primo.

Una cervecería familiar como laboratorio

La historia de Stämm empieza en la casa del abuelo. Francisco Vegh elaboraba cerveza artesanal, y esa tradición familiar juntó a los primos D’Alvia Vegh y Llamazares Vegh alrededor de los fermentadores mucho antes de que existiera la empresa. De aquellas tandas caseras salió el diagnóstico que los llevó a emprender: producir microorganismos era un problema de la industria entera, no solo de los cerveceros aficionados. En 2016 fundaron la compañía con 5.000 dólares aportados por la familia.

D’Alvia Vegh no vino de la biología ni de la ingeniería. Su formación es ecléctica, con experiencia en ventas, turismo y realización cinematográfica, y en 2018 pasó junto a su primo por IndieBio, la aceleradora de biotecnología de SOSV en San Francisco que los puso en el radar de los inversores internacionales. En la división de tareas que sostiene a Stämm desde entonces, Yuyo pone la visión técnica como CEO y Federico opera la máquina de hacer crecer la empresa.

El COO que levantó cuatro bioinstalaciones

Su título dice COO, pero el perímetro real es más ancho: finanzas, desarrollo de negocios, comunicaciones, calidad, IT, bioinstalaciones y recursos humanos pasaron por su escritorio, además de cuatro ampliaciones de infraestructura que lideró mientras la empresa crecía hasta superar los 200 empleados, con presencia en Estados Unidos, Argentina y Suiza.

La promesa que le toca convertir en operación la describió él mismo: “Nuestra gran apuesta es el bioprocesador, un equipo del tamaño de una heladera que puede ser operado por una sola persona y tiene la misma capacidad productiva que una gran fábrica”. El aparato combina microfluídica e impresión 3D y reduce 300 veces el volumen de instalación frente a un biorreactor convencional: donde antes hacía falta una planta, ahora alcanza una mesada.

El modelo comercial es B2B puro. La compañía trabaja con una cartera de entre 10 y 20 farmacéuticas, con la meta de llevarla a entre 40 y 100, y D’Alvia Vegh proyectaba acuerdos anuales por más de 12 millones de dólares. “Estamos construyendo relaciones de largo plazo con nuestros socios y creemos que el año próximo vamos a poder licenciar comercialmente la tecnología”, anticipaba en Forbes.

De IndieBio al bioprocesador comercial

Los hitos de Stämm marcan el ritmo del crecimiento que D’Alvia Vegh administró puertas adentro. En 2022, la compañía cerró una Serie A de 17 millones de dólares liderada por Varana Capital, con Draper Associates —el fondo de Tim Draper— y SOSV entre los inversores, que llevó el total recaudado a 20 millones. En 2023, Stefan Oschmann, ex CEO del grupo farmacéutico alemán Merck KGaA, se sumó al directorio. En 2024, el proyecto de producción de anticuerpos monoclonales en su plataforma fue presentado como una primicia mundial de origen argentino. Y el 12 de marzo de 2026 llegó el producto comercial: el High-Throughput Bioprocessor (HTB), una plataforma automatizada de un solo uso para terapias CAR-T, expansión de células madre y anticuerpos monoclonales, corazón de la apuesta por descentralizar la biofabricación.

En un ecosistema que suele mirar solo al CEO, el recorrido de D’Alvia Vegh deja otra lección de liderazgo: las deeptech también se construyen desde la operación. Alguien tiene que levantar las bioinstalaciones, sostener la calidad bajo normas farmacéuticas y financiar la nómina de más de 200 personas mientras el producto madura. Ese socio silencioso, en Stämm, tiene nombre propio, y Endeavor lo reconoció incorporándolo a su red de emprendedores.