
Agustín Llanos

Dirigir Molinos Río de la Plata significa administrar una de las despensas más grandes de los hogares argentinos. La compañía de alimentos del grupo Pérez Companc, con más de 120 años de historia y marcas que atraviesan generaciones en aceites, pastas, yerba mate, arroz y congelados, tiene al frente desde fines de 2016 a Agustín Llanos, un economista cordobés que hizo toda su carrera ejecutiva dentro de la empresa. Su caso es el del líder formado en casa: dieciocho años de ascensos internos antes de llegar al sillón principal, y casi una década al mando de una operación que fabrica, distribuye y vende a escala nacional.
De Río Cuarto al corazón del consumo masivo
Llanos es licenciado en Economía por la Universidad Nacional de Río Cuarto y completó su formación con un MBA en el IAE Business School, la escuela de negocios de la Universidad Austral. Ingresó a Molinos Río de la Plata en 1998, el mismo año en que la familia Pérez Companc compró el control de la compañía a Bunge y Born, de modo que su carrera corrió en paralelo a la etapa actual de la empresa.
Dentro de la organización recorrió posiciones comerciales y de gestión de negocio hasta asumir en 2012 la Gerencia General de Negocio de Marcas, el área que concentra el portafolio de productos con los que Molinos llega a las góndolas. Cuatro años después, en noviembre de 2016, el directorio lo designó CEO de la compañía. El nombramiento llegó en un año de movimientos fuertes: Molinos había adquirido el 50% de la bodega Viña Cobos por algo más de 12 millones de dólares y anunciado una inversión de 1.000 millones de pesos en su planta de San Lorenzo, Santa Fe.
Una gestión anclada en las marcas y la sustentabilidad
Al frente de Molinos, Llanos conduce una estructura industrial y logística de gran porte, con plantas productivas, centros de distribución y una flota propia que abastece al país con marcas históricas como Lucchetti en pastas, Cocinero en aceites y Nobleza Gaucha en yerba mate, entre muchas otras. Su mensaje de gestión repite una idea fundacional que él mismo cita cada vez que puede: alentar a los argentinos a comer mejor, con un negocio pensado para el largo plazo.
Esa consigna se tradujo en decisiones concretas en materia ambiental. En septiembre de 2023 la compañía firmó un convenio con YPF Luz para abastecer sus plantas de producción con energía solar, un paso que Llanos presentó como parte de una estrategia de negocios alineada al desarrollo sostenible. La apuesta por energías renovables acompañó un trabajo más amplio de eficiencia productiva y de modernización de las operaciones industriales de la firma.
El desembarco en las galletitas: la jugada de 2026
La movida más resonante de su gestión reciente llegó en septiembre de 2026, cuando Molinos anunció la compra del Complejo San Salvador, una planta industrial en Tucumán perteneciente al empresario Martín Luque, para ingresar por primera vez a la categoría de galletitas. La instalación, una de las mayores del norte argentino, produce crackers, galletitas dulces, rellenas y bizcochos, y será entregada a la compañía en noviembre de 2026, una vez cumplidas las condiciones de la operación.
La lógica de la adquisición lleva la firma de Llanos: en lugar de levantar una fábrica desde cero, Molinos entra a un mercado de alta penetración con instalaciones operativas, equipamiento y personal ya formados, y planea desarrollar la nueva categoría apoyándose en las marcas que la empresa tiene instaladas en los hogares argentinos. El propio CEO definió la compra como un paso dentro de la estrategia de crecimiento de largo plazo y una apuesta por ampliar las ocasiones de consumo en las que participa la compañía.
El valor de la carrera de casa
El liderazgo de Llanos tiene un rasgo cada vez menos frecuente en el management argentino: la permanencia. Casi tres décadas en la misma compañía le dieron un conocimiento de primera mano de cada eslabón del negocio, desde la relación con el canal comercial hasta la operación de las plantas, y una sintonía fina con el accionista, la familia Pérez Companc, presidida hoy por Luis Pérez Companc. Esa continuidad explica un estilo de conducción de perfil bajo y foco operativo, más inclinado a los anuncios con hechos —una inversión, una compra, un convenio energético— que a la exposición personal.
Su influencia en la industria alimenticia argentina se juega en esa escala silenciosa: las decisiones que toma repercuten en cadenas de proveedores agropecuarios, en empleo industrial en varias provincias y en los precios y la variedad de la góndola que ve a diario cualquier consumidor del país. Al cabo de casi diez años como CEO, Llanos encarna una tesis simple de comprobar en los resultados: conocer la empresa por dentro, durante décadas, sigue siendo una ventaja competitiva difícil de imitar.
