Sustentabilidad

Alex Pryor

Alex Pryor: el argentino que llevó el mate a Estados Unidos
Alex Pryor cofundó Guayakí en 1996 y desarrolló un modelo de negocio que combina yerba mate, comercio justo y regeneración ambiental.

Alex Pryor cofundó Guayakí en 1996 con una idea que tardó décadas en ponerse de moda: que un negocio podía crecer pagando la factura ambiental. Hoy su empresa de yerba mate factura más de 100 millones de dólares anuales en Estados Unidos, regeneró más de 140.000 hectáreas del Bosque Atlántico junto a comunidades indígenas proveedoras y acaba de renacer como Yerba Madre. Este perfil recorre su trayectoria, sus logros y el modelo que lo volvió una referencia del triple impacto.

El mate llegó a las góndolas de Whole Foods y Target por una nostalgia. A mediados de los noventa, Alex Pryor estudiaba ingeniería en alimentos en Cal Poly San Luis Obispo, California, y extrañaba el ritual que había dejado en Argentina. En 1996 le cebó unos mates a un compañero de universidad, David Karr. De esa ronda salió Guayakí, la empresa que convirtió la infusión rioplatense en una bebida de más de 100 millones de dólares anuales en Estados Unidos y en un caso de estudio sobre cómo una marca puede financiar la restauración de un bosque.

De cebar mates a un préstamo de 50.000 dólares

Los primeros años fueron artesanales. Pryor trabajaba de mozo cuando conoció al presidente de un banco local, y ese contacto destrabó el préstamo inicial de 50.000 dólares con el que arrancó la compañía. Al equipo fundador se sumaron Chris Mann, Steven Karr y otros socios, y la estrategia de venta era tan simple como física: recorrer ciudades en giras promocionales, entrar a las tiendas naturistas, compartir una ronda de mate y dejar paquetes de yerba. El producto evolucionó con el paladar norteamericano: en 2005 llegaron las botellas de tereré, que llegaron a explicar la mitad de los ingresos, y en 2009 las latas que hoy se venden en las grandes cadenas.

Los cinco socios fundadores se hacían llamar “las semillas”, y el apodo describía el método: marketing de base, puesto a puesto, instalándose afuera de tiendas y cafés para convidar muestras y vender en mano. El negocio se mantuvo chico durante casi una década, hasta que el tereré embotellado con jugos orgánicos de 2005 le cambió la escala.

David Karr resumió la tesis de aquellos años: la idea era que importar mate podía ser un negocio viable parado sobre tres pilares, comercio justo, cuidado ambiental y sustentabilidad económica. Guayakí fue la primera marca de yerba mate del mundo en certificar comercio justo, y a las comunidades proveedoras les paga precios por encima del mercado.

Un negocio diseñado para plantar bosque

Lo distintivo de Guayakí nunca fue la lata sino el revés de la etiqueta. Pryor y sus socios armaron lo que llaman regeneración impulsada por el mercado: cada kilo de yerba vendido en Estados Unidos financia el cultivo bajo sombra de árboles nativos en el Bosque Atlántico de Brasil, Paraguay y Argentina, una de las ecorregiones más castigadas del continente. La yerba crece dentro del monte en lugar de reemplazarlo, con certificación orgánica del USDA, comercio justo y producción biodinámica, la primera del rubro.

El vínculo con las comunidades proveedoras está en el nombre. Guayakí remite al pueblo aché guayakí de Paraguay, consumidor ancestral de la planta, y la empresa trabaja con esa comunidad para conservar la selva donde cosecha y le paga por el uso de su nombre. El esquema le valió ser la primera B Corporation certificada de California, y las cuentas del impacto acompañan a las del negocio: más de 140.000 hectáreas regeneradas desde 1996 y una meta declarada de 800.000 para 2030.

La cadena de suministro creció hasta volverse más grande que el nombre. De aquel acuerdo inicial con la comunidad aché Kue Tuvy, la red pasó a 257 productores indígenas y familiares repartidos entre Argentina, Brasil y Paraguay. Ese fue el argumento oficial del rebranding: el 2 de mayo de 2025, la empresa anunció que pasaba a llamarse Yerba Madre para honrar a todos sus socios y no solo al pueblo que le prestó el nombre durante casi tres décadas. Las latas amarillas icónicas siguieron en góndola bajo la marca nueva, la transición de empaques se completó en Estados Unidos ese verano y en diciembre llegó a Canadá con latas bilingües. En 2026 sumó otra primicia del rubro: la certificación Regenerative Organic Certified Gold, junto con el compromiso de plantar 300.000 árboles nativos en América del Norte y del Sur.

La influencia de un pionero del triple impacto

Pryor empujó esa agenda décadas antes de que tuviera nombre. Cuando Guayakí arrancó, hablar de negocios regenerativos sonaba a manifiesto hippie californiano; hoy la compañía factura más de 100 millones de dólares al año, levantó en 2023 una sexta ronda de 75 millones y en 2025 rebautizó su marca como Yerba Madre, con Ben Mand como CEO profesional desde 2024 y los fundadores en el directorio. Para la camada de emprendedores de triple impacto que vino después, el argentino que cebó mates en un campus de California quedó como la prueba de que una cadena de valor puede pagar la factura ambiental y social y aun así crecer en las góndolas más competitivas del mundo.

El traspaso de la gestión cuenta la madurez de la compañía. En marzo de 2024 asumió como CEO Ben Mand, que venía de conducir Harmless Harvest, y Robyn Lawrie Rutledge tomó la presidencia ejecutiva del directorio, mientras los fundadores conservan su lugar en la mesa donde se decide el rumbo. La ronda de 75 millones de dólares de enero de 2023, la sexta de su historia, financió justamente esa profesionalización y la expansión de la distribución, que hoy combina venta online con cadenas como Whole Foods y Target.

Hay una vara con la que el propio sector mide a Pryor: cuando él empezó a cebar mate en California, la categoría no existía en Estados Unidos; hoy es una góndola entera, y la empresa que él sembró sigue siendo la referencia de la categoría que inventó.