
Damián Scokin

En marzo de 2020 Damián Scokin dirigía una empresa que perdía entre 20 y 30 millones de dólares por mes. Los aviones estaban en tierra, la acción de Despegar había caído de 30 a menos de 5 dólares y el resto del mundo tecnológico crecía mientras él recortaba el 60% de los costos. Cinco años más tarde, esa misma compañía se vendía a Prosus por unos 1.700 millones de dólares en efectivo, después de un proceso en el que llegaron a competir seis oferentes. Entre un momento y otro está la gestión completa de un ejecutivo que no venía del comercio electrónico sino de los barcos y los aviones: once años en McKinsey, nueve en el grupo LAN, dos al frente de la naviera Ultrapetrol. Scokin condujo Despegar durante nueve años, la llevó a Wall Street y dejó el cargo el 31 de marzo de 2026.
El perfil poco habitual de un CEO de turismo digital
Cuando Despegar anunció su llegada en 2017, Damián Scokin no venía del mundo de las startups ni del comercio electrónico. Venía de barcos y aviones. Su formación es doble —Ingeniero Industrial y Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires— y la completó con un MBA en Harvard Business School. Los once años siguientes los pasó en McKinsey & Company, asesorando multinacionales, una escuela que se le nota en la manera de descomponer problemas antes de moverse.
Después llegó la aviación. Pasó nueve años en el grupo LAN, primero al frente del desembarco de la aerolínea en la Argentina y más tarde como responsable de la unidad de negocios internacional del grupo, en pleno proceso de fusión entre LAN y TAM. En 2014 dio otro giro y asumió como CEO de Ultrapetrol, la naviera de transporte fluvial e industrial, cargo que ocupó hasta 2016.
Esa mezcla —consultoría estratégica, operación aerocomercial y gestión de una compañía en reestructuración— es la que Roberto Souviron, fundador de Despegar, estaba buscando cuando decidió dejar el día a día después de dieciocho años al mando.
Llegada a Despegar y salida a Wall Street
Scokin se incorporó a la compañía en diciembre de 2016 y asumió formalmente como CEO en febrero de 2017. En su presentación pública planteó una tesis que definiría su gestión: que apenas una quinta parte de los viajes en la región se vendía online, contra más de la mitad en Estados Unidos, y que ese desfase era la oportunidad.
El primer movimiento grande llegó ese mismo año. Despegar salió a la Bolsa de Nueva York con el ticker DESP y se convirtió en la primera agencia de viajes online latinoamericana en cotizar en Wall Street. Scokin suele describir esa decisión como una cuestión de reflejos: para mediados de 2018 la ventana de ofertas públicas en la región se había cerrado, sin importar qué tan buenos fueran los números de las compañías.
Antes del debut bursátil, Expedia ya era socio estratégico y aportaba acceso a su red global de hoteles y vuelos, un respaldo que le dio a la empresa argentina volumen de inventario y credibilidad internacional.
La prueba de fuego: 2020
La pandemia dejó a Despegar en la posición contraria a la del resto del sector tecnológico. Mientras las plataformas digitales crecían con la gente encerrada, el negocio de vender viajes se detuvo por completo. La compañía pasó de tener una caja sólida a consumir entre 20 y 30 millones de dólares por mes, con la estructura de costos casi intacta.
La respuesta fue dura y Scokin no la endulza cuando la cuenta: entre marzo y octubre de 2020 recortaron el 60% de los costos, con desvinculaciones incluidas. La acción, que había llegado a operar a 30 dólares, cayó por debajo de los 5. En paralelo salieron a buscar capital en rondas enteramente virtuales y consiguieron una inyección de 200 millones de dólares por parte del fondo emiratí Waha Capital y el estadounidense L Catterton, mediante acciones preferidas y warrants.
El resultado de ese ajuste se midió recién años después. Para 2024 la empresa facturaba cerca del doble que antes de 2020 y, según el propio Scokin, duplicaba también su rentabilidad previa a la crisis.
Brasil, B2B y la apuesta tecnológica
Una parte central de su gestión fue geográfica. Bajo la marca Decolar, Brasil pasó a representar alrededor del 40% del negocio, con tendencia a acercarse a la mitad. Scokin lo explica sin vueltas: la empresa nació en la Argentina, pero los mercados grandes de la región son Brasil y México, y actuar en consecuencia exigía dejar de mirarse el ombligo.
Esa relevancia se tradujo en acuerdos con actores públicos. En 2023, Embratur —la agencia brasileña de promoción turística— firmó con Decolar un convenio de intercambio de datos para orientar sus campañas hacia turistas latinoamericanos, en un momento en que uno de cada cinco pasajes con destino a Brasil comprados desde otros países de la región pasaba por la plataforma.
La otra apuesta fue tecnológica. Bajo su conducción, la compañía sumó adquisiciones —cinco en total, entre ellas las brasileñas ViajaNet y Stays—, desarrolló el negocio B2B con HotelDO, abrió tiendas físicas en seis países y lanzó SOFIA, su agente de viajes con inteligencia artificial generativa.
La venta a Prosus y una salida planificada
En septiembre de 2024 llegó una oferta no solicitada por la compañía. Al tratarse de una empresa pública sin accionista controlante, el proceso escaló: el directorio tomó las riendas con participación limitada del management y, para sorpresa del propio equipo, aparecieron hasta seis oferentes.
El ganador fue Prosus, el brazo inversor del holding neerlandés Naspers, por unos 1.700 millones de dólares en efectivo. La elección no era la esperada: Scokin admitió que imaginaban terminar dentro de un grupo de viajes, no de un ecosistema digital con participaciones en delivery como iFood, Just Eat o Delivery Hero. La lógica del comprador era combinar plataformas que compartieran base de usuarios.
En octubre de 2025 se anunció el cierre del ciclo. Scokin dejó la dirección ejecutiva el 31 de marzo de 2026, después de nueve años, y fue reemplazado por Gonzalo García Estebarena, hasta entonces CTO de la compañía y viejo conocido suyo de los años en LATAM. Continúa vinculado a la empresa como miembro del directorio y asesor.
Qué define su estilo de liderazgo
Tres rasgos aparecen una y otra vez en su recorrido. El primero es la lectura del timing: sacó la empresa a Bolsa en la última ventana disponible de la región y aceptó vender cuando el mercado ofrecía el mejor precio, sin apego al cargo. El segundo es la disposición a tomar decisiones impopulares rápido, algo que quedó a la vista en el recorte de 2020. El tercero es una idea que repite sobre Brasil y que funciona como método: la humildad de reconocer dónde está el mercado, aunque no coincida con el lugar donde nació la compañía.
Su gestión también deja un caso de manual sobre sucesión. Elegir a un ejecutivo formado dentro de la casa, con perfil técnico, y quedarse en el directorio para acompañar la transición es una decisión que dice tanto sobre el liderazgo como cualquiera de las operaciones financieras que firmó.
