Liderazgo Social

Emiliano Fazio

Emiliano Fazio: tecnología e impacto social
Emiliano Fazio es CEO de Arbusta, una compañía tecnológica que integra a jóvenes de barrios populares al mercado laboral formal.

Emiliano Fazio pasó más de dos décadas probando una idea que al principio sonaba ingenua: que una empresa puede ganar dinero y, al mismo tiempo, resolver problemas sociales que llevan generaciones sin solución. Desde Mendoza impulsó redes de responsabilidad empresaria y un banco de alimentos, cofundó Njambre, una de las primeras incubadoras de empresas de impacto del país, y desde allí ayudó a crear Arbusta, una compañía tecnológica que emplea a jóvenes de barrios populares de América Latina. Hoy la conduce como CEO.

Un administrador de empresas con agenda social

Fazio se formó como licenciado en Administración en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Cuyo. Su carrera, sin embargo, tomó un rumbo poco habitual para un egresado de esa disciplina. En lugar de concentrarse en un solo negocio, dedicó años a instalar modelos de responsabilidad social empresaria en distintas provincias.

En Mendoza fue parte del grupo fundador de VALOS, el foro que reúne a empresas comprometidas con la sustentabilidad, del que llegó a ser vicepresidente. También participó en la creación del Banco de Alimentos de Mendoza, armó la primera casa de coworking de la provincia e incluso abrió una cadena de pizzerías, Nat. Integró la Red Argentina de RSE y la Red de Consumo Consciente, una organización que promueve pensar el impacto de lo que se compra en uno mismo, en los demás y en las generaciones futuras.

Quienes siguieron su recorrido lo describen como alguien movilizado por el comercio justo, los emprendimientos que regeneran y la ciudadanía plena, y muy lejos de quienes creen que el mundo ya no tiene arreglo.

Un enjambre de emprendedores

A comienzos de la década de 2010, Fazio unió fuerzas con Paula Cardenau, que venía de trabajar con emprendedores sociales en Ashoka, y con Federico Seineldin, que había fundado la empresa de tecnología Openware. Juntos crearon Njambre, un nombre que juega con la palabra enjambre. La idea era construir un espacio de apoyo, asesoramiento y mentoría para emprendedores que quisieran resolver problemas sociales y ambientales con modelos de negocio sostenibles.

Njambre combinó desde el principio una aceleradora con espacios de coworking en Mendoza y Rosario. Los tres fundadores insistían en que lo central era construir comunidad y que los emprendimientos se potencian cuando comparten valores y lugar de trabajo. Con los años, el proyecto se definió como una factoría de empresas de innovación de impacto: un lugar donde las ideas se prueban, se ajustan y, si funcionan, se convierten en compañías.

La pregunta que dio origen a Arbusta

El caso más conocido salido de Njambre empezó con una pregunta que los tres socios se hicieron en 2013: por qué el talento está distribuido de manera pareja en el planeta y las oportunidades no. Al mismo tiempo, la industria tecnológica tenía hambre de trabajadores y ofrecía empleos formales y con futuro.

De ese cruce nació Arbusta, una empresa pensada para dar trabajo en tecnología a jóvenes de contextos socioeconómicos frágiles, de entre 18 y 28 años. Sus fundadores la plantearon más como una responsabilidad que como una oportunidad de negocio. Las primeras pruebas se hicieron dentro de Njambre, con un equipo chico y los primeros servicios a empresas. Funcionaron, los clientes quedaron conformes y el proyecto empezó a crecer.

Aprender trabajando

El modelo de Arbusta rompe con la lógica de capacitar primero y emplear después. Los jóvenes entran con empleo registrado desde el primer día y aprenden sobre la marcha. Durante los primeros tres meses trabajan a la sombra de compañeros con más experiencia y después ya participan en proyectos para clientes.

La empresa ofrece servicios de aseguramiento de calidad de software, gestión de grandes volúmenes de datos y administración de interacciones digitales, y fue sumando tareas como el entrenamiento de algoritmos. Para sostener su impacto, Arbusta compite como cualquier proveedor tecnológico: vende servicios reales a empresas de todas las industrias, desde el comercio electrónico hasta los medios.

Los números muestran la escala que alcanzó. En 2018 cerró el año con una facturación de 1,5 millones de dólares y 330 empleados, 300 de ellos jóvenes de barrios populares. Para muchas de esas familias, el trabajo en Arbusta fue el primer empleo formal que llegaba a la casa. En 2022 superaba los 400 empleados entre sus tres países, con un 60% de mujeres en la plantilla.

De Rosario a Montevideo

La expansión fue la prueba de que el modelo podía replicarse. A las operaciones en Buenos Aires y Rosario se sumaron Medellín, en Colombia, y Montevideo, donde la empresa abrió oficinas en 2019. La mayoría de sus clientes están en esos tres países, aunque también trabaja para compañías de Europa y Estados Unidos.

Fazio es hoy CEO de Arbusta y está radicado en Montevideo. Sus socios de la primera hora siguen vinculados al proyecto y la compañía mantiene inversores de largo plazo que acompañan su crecimiento.

Un libro para contar lo aprendido

En 2020, la historia de la empresa quedó registrada en La potencia del talento no mirado, un libro de Carlos March y Andrea Vulcano publicado por Editorial Temas. El título resume la tesis que Fazio defiende desde hace años: los jóvenes de los barrios populares son nativos digitales con un potencial que el mercado ignora y, cuando reciben una oportunidad real, rinden al mismo nivel que cualquier otro.

Los fundadores de Arbusta cuentan que uno de sus objetivos fue desarmar con hechos los prejuicios más repetidos en los procesos de selección, como la idea de que un chico de un asentamiento no tiene cultura del trabajo. Su respuesta fue construir una empresa que funcione precisamente con esos chicos.

La lógica del enjambre

La trayectoria de Fazio tiene un hilo conductor: casi nada de lo que hizo lo hizo solo. VALOS fue una red de empresas, el banco de alimentos un esfuerzo colectivo, Njambre una comunidad de emprendedores y Arbusta un proyecto de tres socios que se convirtió en el lugar de trabajo de cientos de jóvenes. Como en un enjambre, el resultado depende menos de una figura individual que de la capacidad de muchos para moverse en la misma dirección.