Liderazgo Social

Fernando Polack

Fernando Polack: investigación médica e inclusión laboral.
Fernando Polack trasladó parte de su experiencia en organización de equipos al desarrollo de Alamesa, un restaurante que emplea a jóvenes neurodivergentes.

Hay líderes que se miden por lo que acumulan y otros por lo que se animan a empezar de nuevo. Fernando Polack pertenece a la segunda especie. Pediatra e infectólogo con reconocimiento internacional, fundador de la Fundación Infant y conductor en la Argentina del estudio que validó la vacuna de Pfizer contra el COVID-19, llegó a la cima de su carrera científica y decidió usar ese capital —método, equipo, prestigio— para montar algo que no existía: Alamesa, un restaurante de Buenos Aires donde todo el personal es neurodivergente y que, además de incluir, gana plata. La secuencia lo convirtió en un caso raro de doble liderazgo: el del investigador que compite al nivel de los grandes laboratorios y el del emprendedor que gestiona una pyme gastronómica con lógica de empresa.

Infant: ciencia de primer nivel hecha desde Buenos Aires

Formado como pediatra e infectólogo en la Argentina y en Estados Unidos, Polack construyó su reputación investigando las enfermedades respiratorias que golpean a los chicos, con el virus sincicial respiratorio como obsesión de décadas. En 2003 fundó la Fundación Infant, una organización dedicada a la investigación clínica de esas enfermedades que con los años se ganó un lugar en la elite médica internacional, con publicaciones en las revistas más exigentes y ensayos clínicos de gran escala conducidos desde Buenos Aires.

Ese recorrido tuvo un condimento de gestión que explica lo que vino después: Infant funcionó siempre como una organización profesional, con equipos entrenados, protocolos auditables y capacidad de ejecutar estudios complejos en tiempo récord. Polack no solo hacía ciencia: dirigía una estructura.

2020: el año en que el mundo miró su trabajo

La pandemia puso esa estructura a prueba. Pfizer eligió a la Argentina como una de las sedes principales del ensayo clínico de su vacuna contra el COVID-19 y Polack quedó al frente del estudio local, uno de los más grandes del mundo, montado en el Hospital Militar con miles de voluntarios. Él mismo explicó la elección sin falsa modestia: los eligieron porque sabían cómo trabajaban. Cuando los resultados de eficacia dieron la vuelta al planeta, su firma apareció encabezando la publicación científica del ensayo en el New England Journal of Medicine.

En paralelo, su equipo exploró tratamientos propios contra el virus, incluido el estudio del plasma de convalecientes en adultos mayores, otra investigación argentina que llegó a las grandes revistas. Para entonces, Polack era una de las voces médicas más escuchadas del país. Lo que nadie preveía era el giro siguiente.

Alamesa: una pyme gastronómica pensada desde cero

El origen del proyecto es íntimo. Polack es padre de Julia, una joven con trastorno generalizado del desarrollo, y la pregunta sobre qué haría ella cuando terminara la escolaridad formal no lo dejaba en paz. “Tengo una hija con TGD y empecé a pensar qué puedo hacer para Julia”, contó en Forbes. La respuesta fue diseñar un restaurante donde unos 40 jóvenes neurodivergentes cocinan, atienden y gestionan, en la zona de la calle Maure, en Buenos Aires.

Lo que distingue a Alamesa de la beneficencia es la ingeniería de procesos que tiene detrás, afinada con la ayuda del chef Takehiro Ohno. La cocina no tiene fuegos, cuchillos ni balanzas; los manteles llevan letras y colores que se corresponden con el carrito de servicio; cada plato tiene un color y un dibujo que indican cómo emplatarlo, y los frascos de ingredientes vienen dosificados para exactamente un día de producción. Hay además una sala de descanso para que cualquiera pueda retirarse a regularse. El resultado desarma prejuicios: las reservas se agotaron durante meses apenas abrieron, unas 1.200 familias anotaron a sus hijos en la lista de espera laboral y el propio Polack lo define como un proyecto “inclusivo y rentable”: el restaurante gana plata.

Del laboratorio al salón: el mismo método

La influencia de Polack excede sus dos criaturas. Alamesa se volvió vidriera internacional de la inclusión laboral: Juan José Campanella produjo el documental homónimo que llegó a la plataforma Max a fines de 2024, el papa Francisco envió un mensaje público celebrando el trabajo de los jóvenes y la prensa de Estados Unidos y Europa contó el modelo. Él, mientras tanto, empuja la próxima frontera: que farmacias, ferreterías y cafés adopten prácticas similares, porque —insiste— el proyecto es replicable si se arranca pensando. En noviembre de 2026 contó su recorrido como emprendedor social en el ciclo Constructores, donde describió la inclusión no desde la asistencia sino desde la posibilidad de trabajar y asumir responsabilidades.

Su caso deja una lección de liderazgo poco frecuente: las mismas habilidades que sirven para conducir un ensayo clínico de alcance global —diseñar procesos, entrenar equipos, medir resultados— pueden reconvertirse para resolver un problema social que el mercado laboral ignoraba. “Crecí en un mundo parecido a Alamesa. Si pensás las cosas desde otro lugar es totalmente posible”, resume. Entre la vacuna que ayudó a validar y el restaurante que inventó, Polack demostró que el rigor y la empatía no compiten: se potencian.